El viento se levanta
Las hermanas Andrews le dan voz y música a un corto maravilloso de
Disney contenido en Make mine music
(Geronimi; Cormack; Kinney; Luske; Meador; 1946), Johnny Fedora and Alice Blue Bonnet, en el que dos sombreros se
enamoran en una tienda, son separados por distintos compradores, se reencuentran
varias veces por la casualidad, son separados de nuevo por el viento y reunidos
finalmente por el destino. En esta historia de amor el viento lleva adelante
los acontecimientos. De una tienda por departamentos estadounidense al Japón de
los años veinte, el viento se levanta.
Los sueños de Hayao
Miyazaki
En El viento se levanta (2013),
dizque la película con la que el maestro Hayao Miyazaki (Mi vecino Totoro, 1988) colgará los lápices –ya lo ha dicho antes, y henos aquí–, el niño
Jiro Horikoshi sueña con ser piloto a pesar de su miopía. Se convertirá en un
famoso ingeniero aeronáutico gracias al diseño de los caza japoneses que se
utilizarían en la guerra de Pearl Harbor. En el camino Jiro sufrirá el
terremoto de Kanto, las apariciones en sus sueños de su mentor, el italiano
Giovanni Caproni, y la enfermedad de la mujer que ama. Todo acompañado siempre
del viento, elemento recurrente en la obra del animador. Como si ese viento
fuese un soplo, el alma, la creación, dotar de vida.
La historia de amor entre Jiro y Naoko, una pintora que sufre de
tuberculosis, se da a partir de sus sombreros al viento: ella rescata el de
Jiro cuando una ráfaga lo hace volar lejos del tren en el que viajan. “El
viento nos unió”, le dirá Naoko a su amado. Y es que Jiro conocerá a Naoko al
salvarla durante el terremoto, para luego reencontrarse muchos años después y
decidir casarse y estar juntos, muy a pesar de que el delicado estado de salud
de ella no le permite curarse sino estando en un hospital en las montañas.
Ambos deciden que quieren estar juntos, aunque eso signifique el rápido
deterioro de Naoko. Las escenas de intimidad de la pareja son reales,
verosímiles, cercanas; en particular aquella en la que Naoko, tras quedarse su
esposo dormido del cansancio a su lado, le quita los lentes con mucho cuidado,
hala su cobija para cubrirlo y luego se duerme con la cabeza junto a la suya.
Con hermosa sencillez Miyazaki construye esta historia de amor que, junto con
la pasión que posee Jiro por su trabajo, su sueño (literalmente), soportará el
viaje de transformación del personaje y la trama entera.
El viento se levanta, ¡hay
que intentar vivir!
Así como el viento ocasiona el enamoramiento de la pareja
protagónica también esparce el fuego de Tokio tras el terremoto. Así como los
aviones que crea Jiro, aupado en sus sueños por el imaginario mentor, resultan
ligeros, hermosos, comparables en calidad con los de otros países como Alemania
en plena gesta de la Segunda Guerra Mundial, sus aeronaves serán utilizadas
para la muerte y la destrucción, aunque Jiro los haya imaginado siempre como
objetos de gran belleza que transporten pasajeros. Incluso cuando Jiro se
arrepiente de sus inventos porque trajeron la derrota a su país, sabemos que ha
tomado una decisión que está por encima de los horrores de la guerra, que ha
creado un aparato hermoso, con toda la voluntad, gusto y talento de saber
hacerlo bien.
El viento se levanta es una película biográfica contada como un cuento de otros
tiempos, con la cualidad de las fábulas y los cuentos de hadas, en los que el
mundo se nos presenta con sus horrores y bellezas por igual. Una suerte de
mezcla entre la historia de Remy (Ratatouille,
Brad Bird, 2004), la rata que es el mejor chef de Francia, por su talento y
voluntad creativa y su relación con un mentor imaginario, y Carl Fredricksen (Up, Pete Docter, 2009), quien también
tuvo un mentor y un sueño cercanos a la aventura de volar, y un amor que lo
acompañaría siempre. Sin Miyazaki las producciones de John Lasseter no serían
lo que son. Sus homenajes al maestro nipón pueden ser equiparables en
emotividad y calidad, pero Miyazaki es un artesano, de vieja escuela, y
conserva entonces ese estilo lírico que le caracteriza. Dibujada a mano
íntegramente como acostumbra el director, El
viento se levanta es como el texto del que fue extraída la frase: poesía
pura.



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