Michael Moore in TrumpLand



“Michael Moore tiene que ir un poco hacia la derecha”. Unos hombres arreglan la marquesina del teatro para la presentación del documentalista en Wilmington, Ohio, o “TrumpLand”, una localidad donde los votantes apoyan con fuerza al recién electo presidente Donald Trump. “Tiene que ir un poco hacia la derecha”, repiten. Se sonríen.



No es de extrañar que Moore haya llevado a cabo el lanzamiento sorpresa de Michael Moore in TrumpLand (2016) justo antes de las elecciones, una vez más probando que aunque estuviese seguro de que Trump ganaría, guardaba algo de esperanza en la masa: en que el ciudadano promedio mirase de otra manera a Hillary Clinton. El documental no se concentra entonces en las carencias y defectos de Trump sino en la reivindicación de Clinton como lo que es, una mujer inteligentísima y trabajadora.



El documental transcurre en el pequeño teatro en Wilmington, Ohio, en el cual Moore ha decidido hablarles a los locales: un hombre como él en territorio Trump debería ser suficiente para constituir la línea argumental de la cinta, sin embargo, la mayoría del público asistente, y a pesar del anuncio en la marquesina –“Bienvenidos votantes de Trump”– parece ser, como el cineasta, seguidora de Bernie Sanders. En tono de burla Moore decide al inicio que hará el encuentro más cómodo para los seguidores de Trump segregando a los mexicanos y musulmanes “o que lo parezcan” al palco del teatro. Continúa hablando de razas y género, cubriendo todo desde la tendencia de los hombres blancos a votarle al magnate hasta el porte de armas y la relación que las mujeres tienen con estas, una casi inexistente. Su discurso llega a uno de tantos picos cuando compara, con mucha sensatez, lo que ocurrió en el Brexit con estas elecciones. “Fueron ocho años de un presidente negro. Bueno, lo superamos. Ahora vendrían cuatro con una mujer. ¿Qué viene después? Un presidente homosexual. Y luego uno transgénero (…) este será el ‘jódanse’ más grande en la historia del país” dice Moore hablando como si fuese un votante Trump.



Además de dedicarle buena parte del discurso a las virtudes de Hillary y de cómo fueron desdeñadas y cayeron en oídos sordos, Moore la compara, tal vez, con el papa Francisco. El autoproclamado progresista encuentra en Francisco una figura que apoya sus izquierdadas, concediendo incluso que Hillary pueda llegar a comportarse como Su Santidad en tanto ha permanecido callada todo este tiempo, esperando tener una posición de suficiente poder como para clamar sentencias que Moore encuentra casi eróticas, como que el capitalismo es moralmente reprobable [la última del papa, decir que los comunistas son los que más se parecen a los cristianos, es tan desconcertante como la estupidez de los que hicieron de Trump el nuevo presidente norteamericano].



Michael Moore in TrumpLand es la declaración de un ciudadano norteamericano preocupado y comprometido con los aspectos políticos y sociales de su país que no quiere que pasen por debajo los logros de una mujer de carrera como Clinton y aún menos quiere que el bully Donald Trump sea electo presidente. Un asunto sobre las generaciones llama la atención: Moore cuenta que le preguntan con ansiedad sobre los millenials, cómo hacer que esta generación vote cuando no parece interesada en hacerlo. Moore respondió que esa generación no llevó al planeta a la crisis climática, ni invadió Irak, ni muchas otras cosas, por lo tanto él no puede pedirles a los millenials que arreglen este desastre por ellos. Pareciese querer decir que seguirá siendo su generación, es decir, la causante del desastre, la que intentará arreglarlo. ¡Y cómo lo han hecho! Donald Trump es ahora el presidente electo. Logros aparte, su generación vivió las mejores décadas para después solo destruirlas, y en sus ansias ya absurdas por seguir siendo protagonistas de un cambio al que nadie le presta ya la más mínima atención, se niegan a hacerse a un lado con sus consignas. Ojalá lo sigan intentando. Todo ha salido bien.


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