#CineCentenarioRevoluciónRusa La Madre Rusia es un oso cariñoso
Masha y el oso probablemente
viven en el bosque alrededor de la localidad de Listvianka, al sureste de
Rusia, la parada más cercana al lago Baikal del famoso Gran Transiberiano
Exprés, a juzgar por el tipo de oso (el pardo mayormente omnívoro), y la
cercanía con las vías del tren. A sus escasos cuatro años la niña vive sola
junto al andén, marcado “Moscú-Alaska”, una idea de los rusos que no se ha
llegado a materializar desde 2015, cuando las autoridades expresaron a los
norteamericanos la voluntad de unir a través del Estrecho de Bering ambos
países, mediante un tren subacuático que cruce del distrito de Chukotka, en el
extremo más oriental de Rusia, hasta el poblado de Nome, en Alaska. El oso vive
su retiro en una dacha colorida, rodeada de árboles de grosellas, cercano a un
lago que sospecharía es el antes comentado Baikal, donde enseña a la diminuta
Masha a pescar.
La serie rusa animada para la
televisión y la red Masha y el oso (Oleg
Kuzovkov, 2009-) cuenta las aventuras de una niña que se hace amiga de un oso
jubilado del circo en los bosques de Siberia. Aterrador como podría parecer
enfrentar a una pequeña a un animal de más de media tonelada, en realidad es la
niña la que es de temer: Masha, diminutivo de Мария (María), acaba con la paz y el orden de
cualquiera de los personajes que componen esta fábula. Única dotada de habla,
Masha chilla y ríe mientras dos lobos, un cerdo, un conejo, una ardilla, un
perro, una cabra y el oso se esconden asustados al instante de haber percibido
la presencia inminente de la niña. El oso trató de asustarla la vez que se
conocieron. No funcionó. Ahora la quiere y cuida aunque la exasperación lo
lleve a gruñir frustrado. Y ella le cuida también, aunque constantemente lo
saque de sus casillas.
La presencia soviética
Kuzovkov cuenta cómo creó el
personaje de Masha. Una vez estaba en la playa y había una niña que recorría
todos los puestos: tomaba la comida de uno, se asomaba en la lectura de otro,
brincaba sobre la toalla de otro más. Todos los días. Al finalizar la semana la
playa estaba vacía salvo por el incordio. Esta niña fue la inspiración para
Masha: un personaje que cree que el mundo está allí para ella. Ese caudillo
vestido de rosa y pañuelo dicta lo que va a hacerse, obliga, impone, fuerza, e
irrita sin siquiera darse cuenta, de manera genuina y sin ningún remordimiento.
Excepciones son las veces en las que ayuda a compensar por el desastre que hace
siempre, en un gesto de cariño por su amigo el oso. Sin embargo, lo normal es
que quiera que el oso la atienda, lo cela de la osa pretendiente, le dice que
no “les” conviene una relación con ella.
No es casual que Masha reciba en
uno de los episodios una gorra del Ejército Rojo de parte del oso, accesorio
con el cual aparece en la presentación del programa. Tampoco lo es que en otro
episodio Masha se vista de superhéroe con calcetas y mallas, y sentencie a los
animalitos del bosque que los salvará “aunque no quieran”. Masha es
autoritaria, tan cerca de ser la versión adorable de un Putincito que cree que
el mundo está allí para él. Inquieta y revoltosa, Masha revisa hasta el rincón
más secreto de la casa del oso y juega con sus invaluables, como trofeos,
fotografías y otros objetos, los cuales por lo general estropea, rompe, o
destruye, para luego ver al oso con ojos enormes y pararse frente a la pared en
claro castigo por lo que ha hecho.
La Madre Rusia
El oso, el animal ruso, con su
poder y su fuerza, ya no es atemorizante. Animaccord, la productora de la
serie, tuvo que ser rescatada con dinero del Estado y está, por supuesto, la
manito que mece el Kremlin en ella. Putincito y Mariíta, frente al oso que es
la Madre Rusia, demuestran que no hay que temerle, que es un oso tierno,
reconfortante, que el villano que es para ellos el ratón más famoso del mundo
no tiene sino que abrazarle y todo estará bien. Niños occidentales, acérquense
al oso: no importa lo caprichosos, malcriados, desastrosos que sean. Desde su
sillón beberá té del samovar con mermelada y les invitará a quedarse hasta que
pase la horrible tormenta que tanto les asusta. Gloria a Rusia, como ha dicho
el minúsculo. Lo que se comenta sobre las noticias falsas que difunde el
Kremlin para las elecciones norteamericanas, alemanas y las locuras venezolana
y catalana, no debe tomarse en cuenta. Que el nuevo zarito reme pecho al aire a
favor de la corriente destructora de Occidente es para hacer a Rusia aún más
grande, sin duda.



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