It follows
En los años ochenta surge un subgénero en el cine de terror: el slasher (to slash: rajar, tajar), películas de bajo costo protagonizadas por
adolescentes que están por iniciarse en el sexo y a los cuales persigue una
fuerza maligna, sobrenatural o no. Solía ser el
desenlace la supervivencia de la pureza, es decir, las Sidneys (Scream, 1996), Lauries (Halloween, 1978) y un largo etcétera.
A primera vista la pureza parecería salvar en It follows (2014, David Robert Mitchell).
Jay (Maika Monroe) tiene sexo con Hugh, un chico con el que ha salido unas
cuantas veces en los suburbios de una Detroit atemporal. Hugh entonces revela
el lío en el que ha metido a su cita: eso
va a perseguirla, caminando, incansable. Sabe siempre dónde encontrarla, puede
tomar la forma de familiares y amigos, y lo único que queda es huir. Y aquí
aparece el giro: si Jay se acuesta con otro, eso lo seguirá a él abandonando a la adolescente; si no, seguirá
tras ella hasta matarla, y luego irá por Hugh, por su pareja anterior, y la
anterior sucesivamente.
La película comienza con un plano secuencia que
gira trescientos sesenta grados para presentarnos al monstruo a través de una
de sus víctimas. La profundidad de campo en buena parte de los planos produce
la ansiedad de esperar por eso, encuadrando
a Jay de frente en el primer plano de planos generales, y a sus amigos con
nosotros, los espectadores, como los reyes en Las Meninas. De alguna manera nos vemos en la necesidad de
abandonar a la protagonista por el paisaje en busca de alguien que se esté
aproximando, de algo que se vea fuera de lugar, de eso caminando en línea recta hacia ella. Y es que solo nosotros (a
ratos) y Jay podemos verlo.
Se suele asociar la profundidad de campo con el
tiempo, la memoria, la evocación de recuerdos. El hecho de dejarnos frente a
planos generales con profundidad de campo no solo funciona para mantener el
suspenso de que el monstruo se acerca. Hay en ellos tiempo. Cuando Jay inicia
su vida sexual y eso aparece desde la
profundidad paso a paso, Mitchell da con aquel tiempo que aparece cuando se
tiene conciencia de sí mismo, cuando la juventud te permite asumir la
mortalidad. Fotografiar de otra manera aplastaría la perspectiva temporal del
personaje.
Las compañeras de Jay son más jóvenes y no
están en el umbral de la adultez. Pareciese que el acto sexual no es otra cosa
que la representación muy amplia de dicho umbral, y tal vez sea entonces el
peso de la responsabilidad, la ansiedad de asumirse adultos lo que persigue a
Jay y compañía. Los adolescentes no reconocen la muerte ni las consecuencias, y
Mitchell pareciese decir que si estás listo para el sexo debes estarlo también para
saberte mortal. Lejos de regaños mojigatos o religiosos. Cosas de adultos. No
es pureza lo que puede salvar, sencillamente, y con suerte, vendrá eso por ellas, por todos. Y que sea por
el bien de las sociedades.
It
follows tiene un trabajo
fotográfico que potencia la atmósfera y la historia, como en toda buena
película del género. Buenos actores y musicalización a lo Trent Reznor
completan esta nueva película de terror donde no hay lugar para los
sobresaltos, sino para un estado de alerta y ansiedad permanente. Los que
vivimos así sabemos reconocerlo y reconocérselo a Mitchell.



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