Caerá la noche
Berlín se encuentra como si fuese el fin del mundo. Los edificios
bombardeados y las calles llenas de escombros. En un jeep del ejército
americano que transita por la Kurfürstendamm, el corazón del barrio de los
espectáculos de la ciudad, viaja un grupo de hombres cuyo conductor trata de
esquivar los baches. Un transeúnte, al verse casi atropellado le grita un
insulto en alemán al conductor. El jeep se detiene en seco y de él baja
el cineasta Billy Wilder a informarle al peatón que no debería suponer que
porque vistan uniformes americanos no le entenderían el insulto, grosería que
jamás habría enunciado tratándose de un nazi, y le ordena permanecer allí hasta
que informasen a las autoridades de lo que acababa de suceder. Erich Fromm y
Siegfried Kracauer han señalado con mucha lucidez la necesidad de sumisión de
la sociedad alemana que se entregó de inmediato al nazismo como para llenar
algo del vacío que dejaran la derrota en la Primera Guerra y la pérdida de los
ahorros y la calidad de vida durante la República de Weimar. Wilder no tenía
intención de informarle nada a nadie, sin embargo cuando pasaron por el sitio
horas después el hombre seguía allí de pie, acatando obedientemente la orden
del cineasta.
Un documental inconcluso
Cuenta Ed Sikov que el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria
Aliada y el gobierno de los Estados Unidos envían a Billy Wilder a Berlín para
trabajar en la desnazificación de la cinematografía alemana, un proceso que además
de supervisar los interrogatorios a los técnicos y personal de la UFA, incluía
hacer una película que enfrentase al alemán con las atrocidades que había
ejecutado o permitido ejecutar a partir de un material que filmaran los
camarógrafos aliados que acompañaban a quienes liberaban los campos de
concentración. Molinos de muerte (1945, Wilder) se convirtió en una de
las primeras películas sobre el horror del Holocausto a partir del material
destinado para German concentration camps factual survey, una idea para
un documental del productor Sidney Berstein en colaboración con el director
Alfred Hitchcock y que no pudo completarse sino setenta años después. Esta es
la historia que cuenta el documental Night will fall (2014, André
Singer).
Singer es un antropólogo y cineasta que ha trabajado para el canal
Discovery y la BBC. Ha colaborado con Werner Herzog en Into the abyss
(2011) y con Joshua Oppenheimer en The act of killing (2012) y The
look of silence (2014). Narrada por la actriz Helena Bonham Carter, Night
will fall (o “caerá la noche”) es un documental sobre un documental
inconcluso, aquel que Berstein, Hitchcock, el editor Stewart McAllister y el
guionista Richard Crossman no completaron debido al alto exigido por el
gobierno británico. La película cuenta con al menos doce minutos
correspondientes al documental de Berstein, entrelazados con entrevistas a
sobrevivientes de los campos y camarógrafos del ejército, incluso contiene
declaraciones del propio Hitchcock, de Berstein y de Wilder. Y es que cuando la
guerra estaba por acabar los británicos enviaron camarógrafos a que
documentasen las matanzas de judíos, pues aquellos ya sabían que el régimen
nazi las llevaba a cabo antes del fin de la guerra en 1945. Camarógrafos
estadounidenses, británicos y soviéticos entraron junto con los soldados a
liberar campos de concentración como Bergen-Belsen, Majdanek, Auschwitz,
Buchenwald y Dachau. Lo primero de lo que se habla: el olor, al que Billy
Wilder se refiere también cuando narra su viaje a Berlín; el verano fue muy
caluroso y el hedor se levantaba cubriendo toda la ciudad.
Las imágenes que siguen al entrar en los campos son indescriptibles. Los
sobrevivientes entrevistados se ven a sí mismos en el material que registra la
liberación, piel y huesos, jovencísimos, con apenas fuerzas para asomarse a las
puertas de los galpones. Tanto material le llegaba a Berstein de distintos
lugares de Alemania (incluyendo material a color, revelado en los Estados
Unidos) que la construcción del guion y el inicio del trabajo de edición fueron
procesos lentos. Con la llegada de Hitchcock a Londres se estableció que lo
importante era que la película estuviese hecha de tal manera que fuese
imposible para los alemanes pensar que se tratase de un trucaje. Para esto ya
habían tomado precauciones: uno de los camarógrafos en Bergen-Belsen llevó a
soldados nazis al campo y los filmó viendo las fosas comunes, así como en
Weimar llevaron a los ciudadanos cercanos al campo a que viesen lo que sucedía
a pocos kilómetros de sus hogares. Night will fall cuenta entonces toda
la historia de este material y las decisiones que llevaron a que se trabajase
en él, desde las impresiones de aquellos involucrados hasta las decisiones que
produjeron que quedase sin terminar, archivado por setenta años y finalmente
estrenado en 2014 en el Festival Internacional de Cine de Berlín gracias a la
restauración del Museo Imperial de la Guerra en Londres.
La conclusión de una voluntad
Un amigo que estuvo en Berlín el año pasado y fue al cine, me cuenta que
una vez en la sala, Hitler te pide que mantengas el teléfono apagado. Se trata
de imágenes del Führer dando un discurso que ha sido doblado para
pedirle silencio a la audiencia durante la función. Al parecer, me dice, los
que estaban allí lo disfrutaban, e imagino que acataban la orden. Night will
fall se llama así por un texto del narrador quien advierte que si la
lección que nos dan esas imágenes no se aprende, la noche caerá. El documental
inconcluso es, de cierta forma, concluido a través de esta película, pues sin
documentos como este que muestren lo inefable, sin la reciente publicación de Mi
lucha con anotaciones que desmonten las ideas nazis, sin la constante
publicación de libros como Tierra negra de Timothy Snyder, sin la
producción de películas como El hijo de Saúl (2015, László Nemes) será
más probable que existan muchos hombres como aquel que se quedó esperando las
órdenes de Wilder, y entonces con seguridad la noche caerá de nuevo.



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