El ciudadano ilustre: donde viven los monstruos
En la híbrida cinta argentina El
ciudadano ilustre (2016, Gastón Duprat y Mariano Cohn) Daniel Mantovani
(estupendo Óscar Martínez, el padre en el segmento “La propuesta” en Relatos salvajes) acaba de ganar el
premio Nobel de Literatura. Este escritor [ahora hay que aclarar] recibe el
honor como una señal de que su carrera literaria está por morir. En efecto,
años después no ha escrito una sola página. Entre un montón de invitaciones a
actividades culturales en universidades, bibliotecas, congresos, una muy
modesta termina siendo la que el novelista huraño acepta: la municipalidad de
Salas, su pueblo natal, quiere recibirle para honrarlo con la medalla de
ciudadano ilustre. Mantovani inicia entonces el único viaje de vuelta al lugar
de su infancia y juventud, ese pueblo remoto a unas horas de viaje de Buenos
Aires, desde Barcelona, ciudad española donde ha vivido toda su adultez.
Una cinta entre el drama y la comedia como Nebraska (2013, Payne) cuenta el viaje que hacen padre e hijo hasta
el pueblo natal de aquel. En el thriller psicológico y criminal Terciopelo azul (1986, Lynch) se dibuja
la vida de algunos de los habitantes perturbados de un pequeño pueblo
estadounidense. En la cinta policial de humor negro Fargo (1996, Hnos. Coen) ese pueblo recóndito es incluso un
personaje más. Hay en el cine muchas historias cuya premisa lleva al personaje principal
a un pueblo pequeño, anacrónico. Se suelen acomodar en dos géneros
complementarios, la comedia y el thriller y, a veces, a medio camino entre los
dos, como un género híbrido. Pero son los elementos del thriller los que pueden
hacer de esta premisa un descenso al infierno, incluso si el camino está lleno
de situaciones hilarantes.
Salas
En principio todo parece ocurrir con cierta normalidad. Uno que
otro incidente desafortunado aquí y allá, nada más. Se celebra al nobel local
como se debe y puede: se le concede una habitación en el mejor hotel, se le
ofrece transporte a todos lados, se le invita a cenar, a dar charlas, a
recorrer el pueblo en un flamante camión de bomberos acompañado de la reina de
belleza local, a ser jurado del concurso de pintura que se lleva a cabo entre
los lugareños cada año. Sin embargo a través del reencuentro con muchos de los
habitantes del pueblo, figuras importantes en la infancia y juventud de
Mantovani puesto que admite nunca haber podido escribir sobre otra cosa que no
fuese esa fauna y esas criaturas, se irá descubriendo de a poco el suspenso de
la película. A ratos llena de humor negro en situaciones divertidísimas,
propias de una comedia de enredos con algo de patetismo (precisamente al estilo
Nebraska o Fargo), la película alcanza un momento en el que el tono cambia
para dejar ver el thriller que ha estado anunciándose apenas, a ratos, desde
que el nobel pisa Salas.
Aunque el registro y la iluminación son planos –encuadres y
movimientos de cámara no tienen ningún atractivo para potenciar o subrayar las
excentricidades y mal gusto de muchas de las manifestaciones kitsch del pueblo–
los directores y el guionista Andrés Duprat compensan con lo incómodamente maravillosos
que son los personajes. Están los que quieren algo de la fama de Mantovani para
ellos, los que quieren aprovecharse de su fortuna, los que desean su
aprobación, los que lo resienten. Pintorescos, ignorantes, cursis, chatos,
conformes, a veces conciliadores, los habitantes de este pueblo se revelan viles,
xenofóbicos, indecentes, ruines, envidiosos, cutres, despreciables. Mención
especial para Antonio (Dady Brieva) y su mujer Irene (Andrea Frigerio), en el
pasado amigo y novia del escritor respectivamente.
Mantovani, esa suerte de versión argentina del nobel real J.M.
Coetzee, es de lejos el personaje más sensato en un universo de rencillas,
desaciertos y complejos, compartiendo únicamente con el resto el hecho de que
poco o nada cambia su conducta [tal vez por eso la imagen del flamenco en el
estanque]. El ciudadano ilustre
cuenta la historia de un Orfeo de pluma y no de lira, que ha decidido muy
conscientemente lanzarse a la búsqueda de la belleza y la inspiración creativa
en un territorio infernal y en las cercanías a la muerte.



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