Las mejores diez de 2017
10. Sieranevada
(Rumania; dir. Cristi Puiu)
Lary (Mimi
Branescu) acude con su mujer a una liturgia en casa de su padre, Emil,
fallecido hace cuarenta días. Pasa todo y no pasa nada. En el drama Sieranevada los
personajes entran y salen de las habitaciones de la casa, se abren y cierran
puertas y ventanas, se espera la llegada del Padre, de la comida. Ambos llegan,
sin embargo se tardan, sobre todo la segunda, con El ángel exterminador (Luis
Buñuel, 1962) de referente. Puiu ha hecho de la sociedad rumana un microcosmos
en un apartamento donde la muerte, los conflictos familiares y, por qué no, el
hambre por la cena pospuesta para tratar de solventar señalamientos mezquinos,
rituales y teorías conspirativas permanecen para mirarles y ensombrecerles
desde los pasillos estrechos.
9. Todo sobre el asado
(Argentina; dir. Gastón Duprat y Mariano Cohn)
El asado en Argentina es como el
fútbol: se toma muy, pero muy en serio. De carácter religioso, tiene feligreses
y sacerdotes. Son ellos los personajes de este documental franco y lleno de
humor que desde lo sociológico, gastronómico, psicológico e incluso sexual
devela los mandamientos para llevar a cabo el asado perfecto, siempre variables
según el asador, el carnicero o el campesino, sus orígenes y posición social,
además de exponer de manera pedagógica los cortes, tipos de parrilla, si es
mejor asar a gas o carbón o leña y un largo y suculento etcétera. Y es que para
estos personajes peculiares, los asadores, hasta la ideología del comensal
puede adivinarse por su preferencia en el punto de cocción de la carne. Una oda
al carnívoro que deja ver sin pretensiones y con mucho cariño el alma
argentina.
https://www.youtube.com/watch?v=adlRxRKBXUM
8. Paterson (EEUU;
dir. Jim Jarmusch)
Paterson es tanto el personaje
como la ciudad de Nueva Jersey donde vive con su mujer, Laura (Golshifteh
Faranahi), y su perro. Antítesis de Maduodor, Paterson (Adam Driver) es un
joven conductor de autobús que escribe poesía. El poeta tranquilo y rutinario
en una ciudad también tranquila y rutinaria encuentra sus versos al permanecer
atento a su cotidianidad, el mismo recorrido en autobús, los mismos rostros que
lo toman, el bar de siempre para la cerveza al final del día, el despertar con
la mujer amada. No hay nada más en Paterson:
este drama reconfortante, mínimo y sencillo solo pretende dejar ver la belleza
y liricidad de lo nimio, lo cual ya es en sí más que suficiente.
https://www.youtube.com/watch?v=0dsVxvoFjHE
7. A ghost story (EEUU; dir. David Lowery)
Él (Cassey Affleck) y ella
(Rooney Mara) son un matrimonio joven. Él muere de repente. En uno de los
tantos planos preciosos con que cuenta el drama A ghost story, el cadáver yace cubierto por una sábana blanca en la
morgue. Y se levanta. Con ella siempre puesta, recorre el camino de regreso a
casa con su esposa. Esta suerte de Etálides, hijo de Hermes con memoria
extraordinaria que vive entre los vivos y los muertos precisamente porque recuerda, vaga en la que fuese su casa
durante el duelo de su mujer y hasta mucho después, cuando empieza por fin a
olvidar. Y como aquello de que vivir es poder contarlo, asistimos al tiempo sin
propósito, a la falta de destino, a la tristísima eternidad del que alguna vez
amó pero ya no recuerda a quién. En un formato instantánea precioso, el ritmo
pausado y los suaves y lentos movimientos de cámara conforman una historia de
fantasmas desoladora donde lo único que permanece es el tiempo.
https://www.youtube.com/watch?v=CloPb6QF1sw
6. La seducción
(EEUU; dir. Sofia Coppola)
Durante la guerra civil
norteamericana un instituto de señoritas permanece abierto en Virginia. Lo
suficientemente aislado como para que a la directora Martha (Nicole Kidman) no
le preocupe verse en zona de guerra, el campo del instituto recibe al soldado
McBurney (Colin Farrell), herido. La llegada de un hombre a esta suerte de casa
de Bernarda Alba no puede sino ser un motivo de discordia. De cómo las alumnas
e institutrices quedan sacudidas por esta presencia masculina que las seduce
hasta que la envidia y la traición se apoderan de esa casa. Edwina (Kristen
Dunst) y Alicia (Elle Fanning) contienen, encierran las pasiones en ese recinto
de lecciones y buenas maneras. Ver las reacciones mínimas, las miradas, los
detalles en los rostros de estos personajes alrededor del soldado, lo que ese
hombre despierta en cada una, solo podía lograrlo una gran directora de actores
como Coppola con el elenco acertado. Este drama de época maravillosamente tenso
desde el inicio anuncia que los personajes están destinados a que les alcance
la tragedia.
https://www.youtube.com/watch?v=2XkgAVpTfJQ
5. Dunkerque (Reino
Unido; dir. Christopher Nolan)
Nolan lleva a cabo una crónica de
la evacuación de los soldados británicos atrapados en la costa de Dunkerque, en
Francia, en 1940, asediados por los alemanes. Contada ágilmente siguiendo su
estilo autoral, el director divide la historia en aire, mar y tierra, y a su
vez el tiempo, en una semana, un día y una hora, una proeza que a pocos le
suele funcionar tan bien porque sabe cómo jugar con la elasticidad del tiempo
cinematográfico. Visualmente grandiosa, conmovedora, cronometrada a la
perfección para un clímax que deja ver lo que parece ser la sentencia del
autor, una que apropiadamente puede aplicarse a toda la Segunda Guerra Mundial
como conflicto, y sobre todo al Holocausto: la victoria es sobrevivir.
Musicalizada por Hanz Zimmer, con mínimo diálogo, saltos espaciotemporales,
cuenta con un Kenneth Brannagh shakesperiano como el comandante inglés Bolton,
con Tom Hardy como uno de los pilotos, y Harry Styles como uno de los soldados
en tierra en un formato IMAX que refuerza la épica que se despliega en
pantalla. Tiene razón Matt Zoller, crítico de la página de Roger Ebert: sus
dimensiones agigantadas reforzadas por máquinas, cuerpos, mar y fuego merecen
ser vistas porque ya no se hace cine como este.
4. Jackie (Chile;
dir. Pablo Larraín)
Larraín
no dirige una película sobre la vida de Jacqueline Kennedy. Jackie es una historia de fantasmas. Un
reportero llega a una casa en Massachusetts a entrevistarla. Ha trascurrido una
semana desde el magnicidio. Sentados para la entrevista empiezan los saltos al
pasado. Al programa para la televisión del tour
por la Casa Blanca, cuya anfitriona fue la propia Jackie, y al que comprende el
antes, durante y después del asesinato de Kennedy. El después es una tragedia
contenida en los gestos mínimos de Portman, lavarse la sangre, planear el
funeral, informar a sus hijos. Las escenas finales van acompañadas de la música
de Camelot, metáfora que utiliza
Jackie para que nazca el mito Kennedy. Fotografiada con una luz nívea, helada,
como la de su anterior película El club
(2015), Jackie mantiene la
personalidad de Larraín y aparta la conciencia de los límites del género
biográfico. La Casa Blanca y la casa en Massachusetts son escenarios de la
presencia fantasmal. No es casual que los planos que muestran a Jackie recorrer
los pasillos elegantes y simétricos –la simetría es clave en Jackie: los personajes se fotografían en
el centro del cuadro– se parezcan a los de El
resplandor (1980, Stanley Kubrick) y que la música de Mica Levi, afilada,
sombría y chirriante, creen la atmósfera de un thriller psicológico.
3. El estudiante (Rusia;
dir. Kirill Serebrennikov)
En este drama, Veniamin (Pyotr Skvortsov), un
adolescente ruso, se entrega a la fe cristiana ortodoxa y sigue las escrituras
de manera literal, declarándole como corresponde la guerra al Occidente de
moral relajada en una suerte de cruzada. Como a un flautista de Hamelín
energúmeno e hipócrita –besa a la chica que le seduce, miente y más y peor– los
alumnos, docentes y otros adultos a su alrededor, incluyendo un Padre, lo
siguen puerilmente hechizados por su histrionismo y firmeza en un encantamiento
y capacidad para dejarse llevar, salvo por Elena, la profesora de Biología,
quien lo enfrenta con su propia arma: la Biblia, a lo que Veniamin reacciona
con una pataleta de negación y violencia. Los planos largos, en movimiento –una
cámara libre que incluso se tira al agua junto al personaje–, revela la
intención de Serebrennikov (preso desde mayo acusado de cualquier cosa, por
serle incómodo al Kremlin) de dar cuenta de la supeditación de las
instituciones a la irracionalidad suicida y homicida propia del yihadismo, esa
hipocresía nihilista, que representa el personaje de Veniamin. Ver al joven
poseso predicando entre sus compañeros es ver a Lenin entre el pueblo, más de
cien años atrás, llevando a todos la palabra de (papá) Marx [el padre, sí: del
genocidio moderno], diciéndoles qué hacer.
2. La cordillera (Argentina;
dir. Santiago Mitre)
Durante una cumbre de países
latinoamericanos en las montañas nevadas de Chile, Hernán Blanco (Ricardo
Darín), el presidente argentino, debe lidiar con nuevas propuestas de rupturas
y alianzas geopolíticas, además de problemas con su hija (Érica Rivas). Digamos,
pues, que de manera anecdótica, estamos ante un drama político. Sin embargo, la
cinta de Mitre es muchísimo más: un thriller al estilo del cine clásico de
Hollywood de los años cuarenta y cincuenta, aquel cine de espías y conflictos
políticos, ese suspense hitchcockiano elegante y limpio de estructura y montaje
transparente, de ritmo calmo pero lleno de tensión. Y sobre todo, es una cinta
sobre el Mal. Al igual que en grandes clásicos como El tercer hombre (1949), las situaciones van revelando hechos
pasados, pistas para llegar a la explicación final de los misterios que rodean
al personaje principal. Y como suele suceder, hay un personaje que encierra toda
la maldad en sí. Actuada, dirigida, fotografiada espléndidamente. Clara,
atractiva, estremecedora. Argentina, Chile y España en conjunto haciendo cine
como el mejor clásico de Hollywood, mientras este se desmorona en medio de
denuncias de acoso sexual y buenismo tolerante. Atención: no debe permitirse
que el personaje del norteamericano Christian Slater en esa aparición
mefistofélica desvíe la atención del verdadero demonio.
1. El tercer asesinato
(Japón; dir. Hirokazu Koreeda)
Un plano revela el que pareciese
ser el referente principal de este drama, o thriller, judicial: la cámara mira
al cielo, a los árboles, como en Rashomon
(1950, Kurosawa). Misumi (Kôji Yakusho) dice haber vuelto a asesinar
después de treinta años, y su nuevo abogado, Shigemori (Masaharu Fukuyama),
hijo de quien le defendió la vez anterior, tratará de reducirle la pena (que
podría ser la de muerte, vigente hoy en Japón).
Como en Rashomon, pareciese que se estuviese hablando de
la verdad esquiva, de que no exista alguna verdad absoluta, puesto que el
acusado cambia la declaración cada vez que su abogado le visita, logrando que
este dude de la culpabilidad de su cliente. Kurosawa lo ha aclarado: el egoísmo
y la vanidad del hombre que miente para dejarse ver como mejor le parezca a los
otros, el asumir la responsabilidad de las cosas que hacemos sin dejar que el
egoísmo las arrastre, es el asunto tratado en Rashomon, y tal vez también lo sea en lo más reciente de Koreeda. Pues
hay una pulsión en los personajes que les lleva a dejar de lado las verdades
que resulten incómodas para seguir adelante, con el egoísmo empañando sus
discursos y consecuencias. Esta cinta brillante y sofisticada no se aparta
enteramente del thriller judicial para ser un drama ético sobre la justicia y,
en última instancia, sobre la libertad.



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