#Oscars2018 The Florida Project
La estadounidense The Florida Project (2017, Sean
Baker) cuenta la historia de Moonee (Brooklyn Prince), una niña de seis años
que vive con su madre en un motel barato en los alrededores del Parque Magic
Kingdom, hogar de la casa Disney. Moonee y sus amigos, un par de niños más de
la zona, pasan el verano haciendo de las suyas, mientras su madre subsiste
vendiendo perfumes baratos que compra al mayor y vende en la calle. Halley
(Bria Vinaite), que no llega a los veinticinco, juega con su hija como una par,
va cubierta de tatuajes y piercings, y hace el dinero justo para comprar algo
de comida, cigarrillos, y para pagarle a Bobby (Willem Dafoe), el gerente del
hotel.
La vida de Moonee trascurre entre los conjuntos de moteles
cercanos y sus tiendas de suvenires, remates y outlets, buscando que le regalen
monedas para compartir helados con sus compañeros, con quienes dice groserías,
escupe los carros y se mete en problemas menores, hasta que incendian una casa
desalojada en lo que parece la mitad de la nada. Ashley (Mela Murder), amiga de
Halley, madre de Scooty, uno de los compañeros de travesuras de Moonee, intuye
que el incendio ha sido culpa de los niños, y decide que no dejará a Scooty
jugar más con ellos. Decide también que la comida de sobra que a veces les
regalaba, puesto que es mesonera en un diner de carretera, debe cesar. La
malhablada Halley se pelea con su amiga, y Moonee se queda sin el tercer
integrante de su pandillita, esta vez solo con Jancey (Valeria Cotto).
Lo que sigue es la caída de Halley. No es enteramente una mala
madre: maldice, fuma, alcahuetea las tropelías de la niña, es agresiva y
altanera, y a la vez es divertidísima, no permite que la niña pase hambre
(aunque la alimente con waffles), está siempre atenta a que no se haga daño e
incluso la lleva a comer hasta hartarse aunque luego trate de no pagar la
cuenta. Poco la reprende. Halley irá tomando una mala decisión tras otra,
poniendo en aprietos al propio Bobby y su motel, quien se ve en el
inconveniente de tener que interceder por ella varias veces por la seguridad de
todos.
Fotografiada para resaltar los colores pasteles y vibrantes de las
fachadas, del vestuario de los personajes, el drama The Florida Project tiene
consigo la naturalidad de las actuaciones, sobre todo del trío de niños, además
de mucho humor y la franqueza de lo cotidiano.
El desenlace es clave para la sentencia de Baker: este ha
declarado en entrevistas que le interesa el mundo decadente y miserable que
habita en los alrededores de ese cénit del sueño americano, el parque Disney. Y
es que Baker pretende contraponer la magia del Reino Disney a esos moteles
cutres de colores que constituyen el último refugio de muchos ciudadanos antes
de llegar a la mendicidad. La fantasía del parque rodeada de la miseria de
estos personajes, como si una fuese falsa, y la otra la verdadera vida. Lo que
sucede en Magic Kingdom es tan real como lo que sucede fuera. Y el hecho de que
exista ese referente de la felicidad que es ese parque, por más que Baker
quiera contrastarlo con los moteluchos para dejar ver que esa América
abandonada existe, es precisamente lo que hace grande a esa nación. El parque
es prueba de que el sueño americano es, y menos mal, es el gran escape de
muchos cuando la realidad se vuelve insoportable. La alternativa es no tenerlo,
y entonces todo sería un gran terreno baldío, una sucesión eterna de moteles
miserables. Nada más.



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