Moscú no cree en lágrimas
Como
parte de la llamada Semana Cultural de Rusia, el Ministerio del Poder Popular
Para la Promoción Patriótica del Pueblo Poderoso y Cultural, ha llevado a cabo
en la Casa Rómulo Gallegos –también profanada, desde hace mucho tiempo– una
serie de actividades culturales como recitales de poesía rusa, conferencias
sobre las relaciones entre Venezuela y Rusia, muestras de cocina rusa y
proyecciones de películas. Entre ellas, Moscú
no cree en lágrimas (Vladimir Menshov, 1979).
Este
melodrama cómico clásico en la Unión Soviética cuenta la historia de unas
chicas que llegan a Moscú desde la provincia para estudiar, trabajar y
encontrar pareja. Una de ellas, Katia (Vera Alentova), trabaja en una fábrica
de acero, y su amiga Lyudmila (Irina Muravyova) en una panadería. Katia quiere
estudiar Química e intentará pasar los exámenes tantas veces sea posible, y
Lyudmila quiere casarse con un hombre con dinero y prestigio. Se hacen pasar
por hijas de profesores, dueñas de un apartamento hermoso en Moscú, el cual en
realidad cuidan mientras el dueño viaja, todo para hacer una cena en la cual
invitarán a intelectuales, poetas, artistas, a quienes consideran posibles
parejas. Siempre con el temor de ser descubierta, Katia tendrá que vérselas de
frente con el chico al cual mintió, y asumir ser quien es. Más adelante, pasará
a la inversa: deberá hacerse pasar por menos, para que de esa manera el chico
que pretende no se sienta intimidado por su éxito. Un melodrama común, si no
fuese por el hecho de que se da en la Unión Soviética, comenzando en el año
1958, durante el deshielo de Kruschev, y finalizando veinte años después,
durante el gobierno de Brezhnev.
A
tono sin duda con el evento que proyecta la cinta, en ella no se toma en cuenta
ninguno de los aspectos represivos de la era Brezhnev, aunque el género lo
permita con brazos abiertos. Su gobierno, aunque no fue tan violento como el de
Stalin –pues el padrecito puso la vara alta hasta para los nazis–, volvió a las
represiones y exilios forzados y llevó a la Unión Soviética de nuevo a un
estancamiento económico que solo se vería algo aliviado con la llegada
posterior de la perestroika. Sí hay desencuentros, amoríos, desengaños,
ilusiones y dicotomías: hombre-mujer, rico-pobre. La primera parte presenta los
deseos, anhelos y metas de las chicas y la segunda muestra si las alcanzaron o
si son las mismas.
Creer en lágrimas
Se
sabe que Ronald Reagan vio varias veces Moscú
no cree en lágrimas antes de ir a su encuentro diplomático con Mijaíl
Gorbachov, a manera de “entender el alma rusa”. A propósito en una entrevista
con María Stárostina, el director ha recomendado, para que el extranjero
entienda el alma de la Rusia moderna o contemporánea, la película Gorko! (2013, Zhora Kryshovnikov), una
comedia sobre unos chicos que buscan celebrar sus matrimonios fuera de las
convenciones de sus familias conservadoras, dice Menshov “porque se nota que el
director ama a sus personajes”. Desaconseja el cine de Andréi Zvyagintsev (El regreso; Elena; Leviatán): dice
que son depresivas [parece estar cerca de añadir “y antipatrióticas”]. Se ha
quejado de los festivales internacionales porque no toman en cuenta al cine
ruso, aunque él haya sido ganador en varios, incluyendo el Óscar en 1980 por la
propia Moscú no cree en lágrimas en
plena Guerra Fría.
Los
rusos en su nostalgia ríen y lloran con pasión al ver esta película. Declaran
que recuerdan cada detalle de la decoración de las casas, los atuendos, los
peinados. Sin embargo se debería tener en cuenta un comentario como el de
Vincent Canby del New York Times:
¿acaso las penurias por las que pasan las chicas las hacen mejores personas? Y
añadiría: ¿por qué se cree que el que alguien haya tenido que sufrir por mala
suerte lo hace mejor persona? En las cabezas nostálgicas, románticas,
sensibleras de las izquierdas socialistas, comunistas [mención aparte merece la
cursilería de la carta atrapabobos de los comunistas de Unidos Podemos] se cree
que sí. Desde un pedestal moral que en ningún momento se ha justificado, se
cree que aquel que sufre infortunios merece más que otro.
En
Moscú no cree en lágrimas y en lo que
haga el Ministerio del Poder Popular para la Postura Patriótica Permanente de
la Población Pluripolar de la Cultura [y en los comunistas de Podemos, posibles
ganadores de las elecciones de hoy en España, para el desconsuelo más hondo
después de los cinco millones de votos del 6D para el oficialismo] se combinan
tragedia y melodrama: el cubrir con sentimentalismo el ansia irrefrenable de
arrojarse –y arrojarnos– al vacío. No creamos en sus lágrimas.



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