#CineCentenarioRevoluciónRusa Los 28 de Panfílov
Se escribe que el director por un
cuarto de siglo del Archivo Estatal Ruso, Sergei Mironenko, “renunció” o fue
despedido por una “decisión colectiva” de manera “inesperada”. Al parecer el
ministro de Cultura Vladimir Medinsky tuvo un reclamo sutil respecto a su
revisión histórica de la película Los 28 hombres
de Panfílov (2016, Kim Druzhinin, Andrey Shalopa): “todos los que piensen
que los 28 de Panfílov no son sagrados son una escoria asquerosa”. Mironenko
declaró luego que ese reclamo “no tuvo nada que ver” con su despido.
El historiador ya había declarado
en oportunidades anteriores que muchas de las cosas que se escriben sobre la
historia de su país desde la Sociedad de Historia Militar Rusa son
“falsificaciones”, y “mitos”, palabras que le han valido esas críticas suaves
de Medinsky y otros miembros de la Duma. Lo mismo que a Antony Beevor, el
historiador británico, cuyos libros han sido prohibidos en sectores de Rusia
por “promover mensajes fascistas” que “vienen de Ucrania” y “hacen propaganda
nazi”. Beevor ha escrito en su libro Berlín
– La caída 1945 (Planeta) lo que ha leído en fuentes soviéticas –porque como
exsoldado tiene acceso a informes a los que no tienen otros historiadores–
sobre las violaciones en masa de los soldados del Ejército Rojo a las alemanas.
Medinsky y compañía han negado tanto a Beevor como a sus fuentes y retirado sus
libros. La respuesta de Beevor ha sido estar “sorprendido de que les haya
tomado tanto tiempo”.
Y es que esta cinta bélica cuenta
la historia de un grupo de soldados del Ejército Rojo liderados por Iván
Panfílov que se vio superado en número por las tropas alemanas en 1941 y aun
así, en su hora más oscura, los soldados buscaron al pequeño Putin en sí mismos
y resistieron hasta la muerte desde las trincheras incluso hasta hacer volar
por los aires dieciocho de las infernales tanquetas nazis. Esta hazaña
homérica, hercúlea, la llevan a cabo junto a soldados kazajos en fraternal
armonía y con el material y el tiempo más escasos posibles, como una suerte de
MacGyver bolchevique, pero noble, humanista, generoso, lleno de amor.
Impecablemente fotografiada, Los 28 hombres
de Panfílov recrea entonces este hecho histórico ruso sin duda incuestionable
para la humanidad y otros seres conscientes, que deja ver al mundo entero (es
decir, a los Estados Unidos) la también irrefutable valentía heroica e
inflamación patriótica del más glorioso de los gloriosos ejércitos de la
Historia. El resultado es orgullo ruso prosoviético [una redundancia] con una
dedicatoria explícita nada modesta a la memoria del hombre de bigote de
cucaracha y su régimen de terror genocida. Al hombre-oso que reposa su ya calva
cabeza en las que deben parecerle enormes almohadas del Kremlin le ha encantado
esta película. La ha visto en proyección especial con el presidente de
Kazajistán, Nursultan Nazarbayev, y proclamado parte de la campaña del Kremlin
para restaurar el orgullo ruso.
Druzhinin, uno de los directores
de la película, es actor y ha dirigido antes una de terror [me refiero tanto al
género como a la calidad] ambientada en Leningrado con la bruja de Blair como
ente maligno. Shalopa fue el codirector de ambas cintas, y es también actor. No
escapa a esta espectadora que dos actores hayan dirigido el filme: reconocen el
pacto ficcional y pueden moverse dentro y fuera de él. Si bien puede señalarse
lo inútil del reclamo de Mironenko (específicamente porque estamos ante una
película de ficción, porque “basado en un episodio real” no significa que se
esté ante un reportaje, y apartando que los reportajes se pueden ficcionalizar),
el asunto en cuestión es la obvia presión de la nomenklatura por hacer de esa
ficción lo real: aplastar, negar la realidad. Eisenstein montaba a partir de
ese principio revolucionario comunista. Cien años después, esta película hace
lo mismo.



Comentarios
Publicar un comentario